Neuroplasticidad en acción: de la ciencia a la realidad

Actualizado: 7 de sep de 2018

¿Y qué pasa con los niños? ¿Debemos preocuparnos por ellos, o son menos importantes que los adultos?



Pareciera como que toda la atención está enfocada en el adulto mayor por la importante prevalencia de enfermedades neurodegenerativas, pues causan aislamiento, limitación funcional y alteración de la dinámica familiar. No obstante, los trastornos neurológicos en la niñez, ya sea por problemas genéticos o por cualquier otra causa, son devastadores y más debido a que por error se asume que no es posible hacer nada para revertirlos. Por eso se convierten en una pesadilla que confronta a los padres con una vida de sacrificios, ilusiones perdidas e incertidumbre.


Es incongruente que esperemos más de un cerebro maltratado por una vida de abusos y de estrés que de uno joven y virgen. La realidad es que el concepto de neuroplasticidad ha sido demostrado en forma categórica en estos niños, que de “la nada” alcanzan a desarrollar potenciales insospechados que les han permitido insertarse de lleno en la sociedad.



Glenn Doman asumió el reto de rehabilitar a esos niños desahuciados por todos los demás. A finales de los años 50 inició el trabajo en pacientes con lesiones cerebrales severas que lo llevaría a crear “The Institutes for the Achievement of Human Potential” (Los Institutos para Alcanzar el Potencial Humano).


Pionero en el concepto de rehabilitación cerebral, se rehusó a aceptar que el cerebro es un órgano estático y sin capacidad de recuperación. A través de una buena nutrición, del acondicionamiento físico y de programas repetitivos de estimulación visual, auditiva y táctil, han reactivado vías cerebrales hasta conseguir respuestas impensadas. Su idea es muy simple: “el cerebro crece por el uso”.


Sus resultados en 3,024 niños, atendidos entre 1998 y 2015 son espectaculares. De aquellos con discapacidades específicas, el 83% vieron por primera ocasión, el 82% escucharon, 52% caminaron, 39% de los que estaban paralizados gatearon, 88% mejoraron su comprensión a un nivel por lo menos equivalente a la de un niño de 3 años de edad, 51% corrieron por primera vez, 97% leyeron, 41% hablaron y 25% aprendieron a escribir. Además, la salud general del grupo mejoró mucho y fue posible reducir su necesidad de medicamentos de manera significativa.


A diferencia de otras especies animales, el recién nacido humano es desvalido. Tardará meses para empezar a caminar y a hablar y años para valerse por sí mismo. El gran tamaño de su cerebro debe estar alojado en un amplio cráneo, obligando a acortar el periodo de gestación de la madre para poder parir a su producto. De ahí que su proceso de maduración cerebral sea muy incipiente al momento de nacer.


El primer año de vida es dramático para ese desarrollo, y mantiene un ritmo acelerado durante los primeros 6 años. Qué tanto lograremos dependerá de los estímulos que recibamos y de nuestras oportunidades, lo que se traduce en el contacto materno, la calidad de la alimentación y la seguridad del entorno.

Es paradójico que durante este periodo temprano la vía visual es tan inmadura que no permite distinguir las imágenes y los colores con nitidez, la percepción es en blanco y negro y sin detalle. En gran medida esto es lo que hace que la maduración neurológica sea tan lenta y progresiva. Mediante técnicas especiales de estimulación el grupo de Doman ha acelerado este proceso, logrando la creación de conexiones cerebrales y la activación de las vías de comunicación.


Además de su utilidad en niños con problemas, esta experiencia se ha extrapolado a bebés normales para potenciar su capacidad de aprendizaje y su inteligencia. El programa prepara a los padres para estimular sensorialmente, facilitar la movilidad y fomentar la expresión verbal de sus hijos desde edades muy tempranas. Cuando estos niños crecen tienen amplias ventajas en el terreno intelectual en comparación con sus pares no estimulados.


Todos podemos mejorar nuestras capacidades cognitivas, sin importar la edad. Para personas en apariencia sanas como para aquellos que requieren de regeneración cerebral por ser portadores de padecimientos neurodegenerativos, tenemos el potencial de desarrollarnos. Existe un sustento bioquímico y una metodología específica para alcanzar estos objetivos, que no requiere de técnicas complejas e inaccesibles. A través de principios básicos y de modificaciones en los hábitos de vida es mucho lo que es posible lograr.

En futuros comunicados, describiremos cómo hacerlo.


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