Cáncer: enfermedad celular

Actualizado: 7 de sep de 2018

El cuerpo está formado por muchos tipos de células que se agrupan en tejidos, que a su vez conforman órganos y éstos, sistemas. Cada célula está diseñada para llevar a cabo funciones especiales. El cáncer representa la degeneración, el crecimiento desorganizado y descontrolado de esas células, de ahí que existan tantas clases de éste y que el comportamiento biológico de cada uno sea tan particular. Los veinticinco principales cánceres constituyen más del 90% de los casos de este padecimiento, y de cada uno de ellos hay múltiples subtipos; usando una simple analogía, cada cáncer es como una marca de automóviles, y los subtipos equivalen a los modelos. Adicionalmente, su evolución y comportamiento dependen del contexto de la persona en quien aparece, su edad y género, la efectividad de sus sistemas de defensa, su estado nutricional, el grado de estrés al que se encuentra sometida, la coexistencia de otras enfermedades, etc. Por lo tanto, no es correcto equiparar cáncer con una masa – un tumor localizado – ya que se trata de una enfermedad celular que afecta a todo el organismo.



Las células cancerosas se comportan de una forma muy distinta a las normales.


Independientemente del tipo de que se trate, las células sanas se caracterizan porque:

  • se duplican a sí mismas en forma exacta (dos células hijas idénticas a su progenitora);

  • dejan de reproducirse en un momento preciso; (c) se adhieren entre sí y en el lugar correcto;

  • se auto destruyen si están averiadas;

  • se especializan o maduran.

Por el contrario, las células cancerosas:

  • no mueren cuando migran a otras partes del cuerpo;

  • no dejan de reproducirse (son inmortales);

  • no responden a las señales emitidas por otras células;

  • no se adhieren entre sí, por lo que se diseminan por el organismo;

  • no se especializan y permanecen inmaduras.


Cáncer es un término genérico (en lenguaje médico también se habla de neoplasia, que significa tejido de nueva formación) que lo mismo incluye tumores sólidos (de mama, colon, pulmón, próstata, etc.) y alteraciones de la sangre (diversos tipos de leucemias y otras enfermedades más raras). Afecta al organismo de muchas formas: produciendo un efecto de masa que termina por comprimir o alterar estructuras vitales, interfiriendo con sus procesos químicos y metabólicos, consumiendo las reservas de nutrientes y generando un estado de desnutrición profunda, impidiendo el funcionamiento del sistema inmune, favoreciendo la acumulación de productos tóxicos, etc. Se trata de una combinación más que de un solo mecanismo de daño, con un grado de severidad variable de acuerdo a las características propias de cada cáncer y a su localización (por ejemplo, un tumor cerebral dará manifestaciones clínicas antes que uno abdominal).


Una de sus características principales es que se disemina a distancia y lo hace de diferentes maneras:

  • por invasión local, destruyendo y ganando terreno en el área donde se encuentra;

  • a través de la circulación sanguínea, penetrando arterias y venas y viajando hacia otros órganos;

  • o por el sistema linfático, extendiéndose a los ganglios y de ahí a otros tejidos.



Cada tipo de cáncer tiene su patrón propio de metástasis, no es arbitrario, y depende de la afinidad específica y de la capacidad de cada célula para proliferar en otras regiones. Lo habitual es que primero llegue a los ganglios linfáticos y después salte a otros sitios. Como ejemplos: el cáncer de próstata invade ganglios y luego huesos de la pelvis y la columna vertebral; el de colon va a ganglios y al hígado; el de tiroides a ganglios, pulmones y huesos; algunos tipos de cáncer pulmonar a ganglios y cerebro, etc. Precisamente en base a esta información es que se clasifica la enfermedad, para así determinar su grado de avance y el tratamiento ideal. El sistema más utilizado para este propósito es el TNM, donde T (tumor) equivale al tamaño y extensión local del tumor primario, N (nódulos) representa el involucramiento de ganglios linfáticos, y M (metástasis) la diseminación a otros órganos.


Todo esto implica una notable capacidad de adaptación y de evolución para desafiar los obstáculos del entorno y para eludir los sistemas de control del organismo. El cáncer es un auténtico rebelde, que hace lo que quiere a pesar de todos los esfuerzos que se oponen a su progresión.


Las células sanas poseen mecanismos de generación de energía, mismos que resultan insuficientes para las cancerosas. Para desarrollarse y crecer a ritmos acelerados éstas requieren de un aporte mucho mayor de nutrientes y vitalidad, que obtienen gracias a la creación de nuevos vasos sanguíneos que les aseguran un abastecimiento constante y abundante de esos elementos. Este es un factor crítico ya que constituye el punto de inflexión a partir del cual ocurre la transformación de la normalidad para convertirse en un temible agresor. Solamente en la medida en la que comprendamos esos procesos es que lograremos enfrentar a este adversario en forma efectiva, lo que nos obliga a replantear la utilidad de muchos de los medicamentos oncológicos que hoy en día seguimos usando.


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